La primera impresión cuenta, vaya si cuenta. Lo primero que alguien ve al conocernos es nuestra carta de presentación. Por eso, un buen retrato con el que recibir a alguien que no nos conoce será la invitación para seguir conociéndonos o directamente la puerta de salida.
Con un retrato basta.
Cada negocio tiene un proceso, y cada persona está en un momento de ese proceso. Es lógico que en los primeros años se vigilen las inversiones que se hacen y se intenten reducir los gastos en la medida de lo posible. Pero precisamente un retrato digno va a potenciar tu comunicación, y con ella el resto de tu negocio. Presentar tu proyecto con una mala fotografía es como ir a una reunión con un zapato sí y uno no. Tal vez a alguien le haga gracia, pero pocos te tomarán en serio.
Todo lo que comunicas es una declaración de intenciones.
Y tu imagen también. ¿Cómo vas a esforzarte en dar lo mejor a tu cliente si no te esfuerzas siquiera en mostrar lo mejor de tí?
Nadie puede dar lo que no tiene, y si te falta compromiso con tu propio negocio, imagina con el resto.
No sé posar.
Y por eso, entre otras cosas, es un acierto contactar con un profesional. Porque estoy acostumbrada a fotografiar a todo tipo de personas, desde las más seguras de sí mismas hasta las que nunca se han puesto delante de una cámara. La naturalidad siempre gana. Y con unas guías muy sencillas, podremos hacer unos buenos retratos que te hagan destacar entre tu competencia.
Contacta conmigo y te oriento.
