Montmartre: un paseo nos parece poco.

Es así. Un paseo por Montmartre está muy bien, es algo que no puede faltar en un viaje de ocio a París. Pero la guinda del pastel es vivirlo. Es habitarlo. Y fue exactamente lo que hicimos nostros.

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Como os comenté en la anterior entrada, cuando viajo me gusta empaparme del lugar al que voy lo máximo posible. Unas veces es más sencillo que otras, suele serlo más cuando conoces a alguien que viva en el lugar al que vas, y la inmersión cultural está al alcance de la mano. Cuando no es así, intentamos que se le parezca lo más posible. Es uno de los motivos por los que no nos gusta alojarnos en hoteles. Buscamos algún Bead&Breakfast o algún apartamento en alquiler, y en el caso de este viaje también fue así. Existen diversas páginas donde la gente alquila sus propias casas y apartamentos de manera totalmente legal, y te da la oportunidad de vivir por unos días como un vecino más. Totalmente recomendable.

El famoso Moulin Rouge está a los pies de Montmartre, en Rue Lepic. También el famoso Café deus Deux Moulins, más conocido como el Café de Amelié, muy cerquita del Moulin Rouge. También es zona de casinos, sex-shops y luces de neón. Atestado de turistas sobre todo cuando el sol desaparece, es la zona roja de Montmartre.  Imagino que pocos parisinos visitarán estos lugares con frecuencia, me da la sensación de que se desvirtúan con tanto turismo. El barrio se vuelve mucho más tranquilo y mucho más bohemio a medida que se sube en dirección al Sacre Coeur, donde podemos ver arte en cada esquina, incluso a Van Gogh convertido en poste  =)

Empezar el día en Montmartre fue dejar que la luz te despertase, que las risas de los niños del edificio de enfrente te contagiasen de buen humor. La gente vive con las ventanas abiertas, semioculta tras cortinas traslúcidas, sin preocuparse del resto del mundo. Y es fantástico observar por un ratito lo que se puede entrever a través de cada una: una mujer que plancha, un padre que intenta dormir a su hijo, una cena de amigos llena de risas, un hombre que cena solo iluminado por la luz del televisor, un gato entre las flores que observa que observas. Y en lo alto del cielo, un haz de luz que viene y va. Entonces lo recuerdas…La Torre Eiffel aún espera por tí.

En la próxima entrada haremos un primer acercamiento a esa madame de hierro que tantísimas ganas tenía de conocer. París da para mucho…y esto es sólo el comienzo!

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