La Torre Eiffel: La Madame de París.

Mi encuentro con la Torre Eiffel se hizo esperar. No quise visitarla inmediatamente, me la reservé casi para el final, como se hace con las cosas buenas. Si tantos años había esperado para encontrarme con ella, podía esperar un poco más e ir descubriéndola poco a poco.A la hora de cumplir sueños necesitas un tiempo para mentalizarte, para creerte que de verdad lo estás haciendo. Pues algo así fue lo que me ocurrió.

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Esta giganta de hierro fue construída para presentarla en la Exposición Universal de 1889 en París. El encargado fue Gustave Eiffel junto a su equipo, y lo hizo entre los años 1887 y 1889. Sin embargo, hay dos nombres que resuenan mucho menos y tienen tanto mérito como el propio Gustave, y son Maurice Koechlin y Émile Nouguier, los diseñadores de la monumental torre. Mide 300 metros de altura, a los que hay que sumarle los 24 que mide la antena que posteriormente se le añadió. Fue utilizada en sus inicios por el ejército para realizar pruebas con antenas de comunicación, y más tarde como emisora de radio. En la actualidad dispone de 120 antenas, 32 estaciones de radio y retransmite 41 cadenas de televisión. Fue criticada y adorada desde su aparición. La gran mayoría de los parisinos la consideraban un monstruo de hierro y renegaban de ella. A mí personalmente me parece bellísima.

La Torre Eiffel domina el cielo de París, así que puede verse a gran distancia. Rechacé subir a esta madame de hierro porque adoro tanto su visión, que tengo la sensación de que subirme a sus lomos rodeada de tantísimos turistas iba a romper un poquito el hechizo que tengo con ella. Quiero mantener por el momento la visión de grandeza e inaccesibilidad que he guardado durante tanto tiempo. Preferí presentarle mis respetos desde abajo, sentirme pequeña bajo sus entrañas. Quiero seguir teniéndola idealizada en mi mente, con ese carácter romántico con el que la he pintado, como las fotografías de grandes maestros me han mostrado a lo largo del tiempo. Solitaria. Imponente pero lejana. Muy suya. Y no siendo corrompida por una avalancha de turistas chillones. Soy así de rarina, qué le voy a hacer.

Me tomé mi tiempo en recorrer los alrededores de la torre para disfrutarla desde varios ángulos y verla con diferente luz. Me metí bajo sus entrañas y elevé la mirada, y es una de las cosas más impactantes que he visto nunca. Más de 7.300 toneladas de hierro convertido en hercúleas fliligranas que generan juegos de sombras maravillosos para fotografiar. Verla brillar de noche es algo que uno no puede perderse, plantar el culete en los Champs de Mars a ver atardecer y dejar que caiga la noche, y una vez oculto el sol, contemplar el espectáculo de luces que ofrece los primeros 5 minutos de cada hora. Millones de luces brillando a un ritmo frenético que la visten de gala para la ciudad.

Sin más, os dejo con una serie de imágenes que me he traído de este tesoro, disfrutadlo y si no la conocéis, apuntadlo en vuestra lista de tareas pendientes. De verdad. Buen Lunes!!!

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