Comer, beber, oler. Maastricht.

Hace ya un par de años que estuve por Holanda, y hoy la echo particularmente de menos. Maastricht en concreto es una ciudad para comer, beber y oler. También es una ciudad para fundirte los billetes que lleves en la cartera si te lo puedes permitir, porque Maastricht es, en general, una ciudad cara. Un paraíso de boutiques de todo tipo, desde las que se especializan en costosas y maravillosas prendas de vestir hasta las que dirigen sus ventas a los amantes de los aceites de oliva especiados, del pan en todas sus versiones imaginables o del chocolate molido y mezclado con diversas proporciones de frutos secos.
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Perderse por sus calles invita a sentarse a tomar una buena cerveza en cualquiera de sus terrazas, llenas de flores y con objetos de todo tipo tras sus cristales, como oníricos escaparates que le dan a cada local su estilo personal. Y de paso, respirar ese aroma a pan recién hecho a la vuelta de cada esquina, admirar los expositores llenos de bollos de diferentes formas, tamaños, colores, texturas, elaboradas con diferentes cereales, y decorados con diferentes semillas. Un placer para los sentidos. En esta ocasión no quiero profundizar más, quiero poneros el caramelo en la boca para despertaros el interés por esta ciudad en concreto y por Holanda en general. Que lo disfruteis!

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